LA IDEA PRINCIPAL
Lo primero que es importante entender es que no todo se reduce a la comida. Durante mucho tiempo se ha transmitido la idea de que si comes “correctamente”, tu cuerpo debería responder de forma automática y perfecta, pero la realidad es mucho más compleja. La inflamación sistémica de bajo grado (que es en la que yo me vengo a centrar) es el resultado de una combinación de factores ambientales, metabólicos y de estilo de vida, donde el estrés, el sedentarismo y la falta de sueño pueden tener un impacto igual o mayor que lo que se come.
👉 Tu digestión importa
No es solo qué comes, sino cómo lo digieres. Si tu sistema digestivo está sobrecargado, si comes con prisa o sin pausa, o si tu cuerpo no está en un estado óptimo para procesar los alimentos, es muy probable que aparezcan síntomas como hinchazón o pesadez, incluso aunque la alimentación sea “buena”.
Muchas veces tendemos a comer un alimento porque se supone que es saludable, pero no nos paramos a analizar si es saludable para nosotras. Aquí te pongo mi ejemplo. El aceite de coco es una de las mejores fuentes de grasa dentro de la alimentación cetogénica/low carb que es la que yo sigo; pero a mi me hace mucho daño porque me genera unas fuertes crisis de migrañas. ¿Es saludable? Sí. ¿Es saludable para mí? No.
👉 Tu ritmo importa
Cómo vives tu día a día también influye. Comer rápido, sin parar, con estrés o sin presencia puede cambiar completamente la forma en la que tu cuerpo asimila la comida. No es solo una cuestión física, también es una cuestión de ritmo y de cómo estás funcionando en general.
Si funcionas en piloto automático, comes con el móvil en la mano haciendo scroll sin prestar atención a lo que comes, sin prestar atención a tu cuerpo, no escuchas sus señales, no eres capaz de detectar cuando te has saciado o cómo te está sentando un plato..... Déjame decirte que vas por un camino muy poco recomendable, es señal de que vives desconectada totalmente de tu cuerpo, y hasta que no conectes de nuevo y empieces a escuchar lo que te está intentando decir, no podrás conseguir los resultados que quieres.
👉 Tu estado emocional importa
El estrés, la ansiedad o la desconexión con tu cuerpo no son detalles secundarios. Influyen directamente en tu sistema digestivo y en cómo te sientes después de comer. Muchas veces no es la comida en sí lo que genera malestar, sino el estado en el que estás cuando comes y vives.
Este entorno que hemos generado y normalizado mantiene al cuerpo en un estado constante de alerta ("lucha o huida"), lo que genera un entorno hormonal y fisiológico incompatible con la reparación tisular y la pérdida de grasa. El impacto es directo a través de la conexión intestino-cerebro. No sé si lo sabes, pero el intestino es el segundo cerebro.... O el primero, respecto a esto, hay mucho debate.
Podríamos decir que el estado mental es "el estado de salud del intestino" y el motor de tu metabolismo. Por eso, si queremos reducir la inflamación y trabajar también la pérdida de peso, es necesario poner atención a cómo gestionamos la ansiedad y el estrés tanto como nuestra dieta.
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