Ir al contenido

Hasta ahora, creo que te he ayudado a que veas que no se trata solo de hacerlo mejor, sino de entender qué está fallando dentro de lo que ya estás haciendo. No necesitas añadir más cosas ni complicarte más, sino empezar a enfocarte en lo que realmente puede estar marcando la diferencia.

Por eso, te dejo un resumen de los puntos clave que merece la pena trabajar a partir de ahora:

👉 Comer con prisa

En el día a día es muy habitual comer rápido, de pie, mirando el móvil o pensando en lo siguiente que tienes que hacer. El problema es que tu cuerpo necesita un mínimo de calma para poder digerir correctamente. Cuando comes con prisa, no solo masticas peor, sino que tu sistema digestivo no recibe las señales necesarias para funcionar de forma eficiente. Esto puede hacer que la digestión sea más pesada, que aparezcan gases o que te sientas hinchada incluso después de comidas normales. No es solo lo que comes, es cómo le estás permitiendo a tu cuerpo procesarlo.

👉 Vivir en estrés constante

El estrés sostenido en el tiempo tiene un impacto directo en tu digestión. Cuando tu cuerpo está en modo alerta, prioriza funciones relacionadas con la supervivencia y deja en segundo plano procesos como la digestión. Esto significa que, aunque estés comiendo alimentos saludables, tu cuerpo puede no estar gestionándolos bien. Además, el estrés también puede alterar tu apetito, tu forma de comer y tu relación con la comida, creando un círculo que mantiene la sensación de hinchazón y malestar.

👉 Intentar compensar o controlar demasiado

Muchas veces, detrás de la intención de “cuidarse”, aparece una necesidad de hacerlo perfecto: controlar cantidades, evitar ciertos alimentos, compensar si sientes que te has “salido”. Este tipo de dinámica genera una tensión constante, tanto mental como física. Tu cuerpo percibe esa presión, y eso puede afectar a cómo digieres, a cómo te sientes después de comer y a tu relación con la comida en general. No se trata solo de lo que haces, sino desde dónde lo estás haciendo.


En este punto, piensa una acción concreta que puedas aplicar cada día dentro de cada punto aquí resumido. Si es preciso coges papel y boli y te anotas qué será lo que apliques. No te pido mucho, solo una cosa, pero si ahora mismo te sientes desbordada en todos lo puntos empieza por una cosa de un punto; y centra el foco durante unos días en eso, al cabo de 3 días la mantienes y añades otra de otro punto. Así hasta que consigas mantener una acción de cada punto durante una semana. Y desde ahí mantenla 21 días. 

Es sencillo, pero como no siempre me explico bien 😅, te pongo ejemplo: 1 acción de comer con prisa (comer sin el móvil en la mano), 1 acción de vivir en estrés constante (pararme a pensar cómo me siento después de una de mis comidas diarias) y 1 acción de compensar o controlar demasiado (disfrutar de mi plato sin pararme a analizar las calorías que ingiero). 

Mantén estos hábitos 21 días y luego piensa qué has notado diferente. Porque te digo que con solo hacerlo 7 días ya se nota.


Calificación
0 0

No hay comentarios por ahora.

para ser el primero en comentar.