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No son libros de salud, pero cambiaron mi forma de cuidar mi cuerpo

Lecturas que no son libros de salud, pero que cambiaron mi forma de entender el cuerpo, la inflamación y el bienestar desde dentro hacia fuera.
12 de febrero de 2026 por
Estefania
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Durante mucho tiempo pensé que cuidarme significaba hacer lo "políticamente correcto": comer bien, descansar cuando tocaba, seguir lo que, en teoría, era saludable. Pero aun así, había cosas en mi cuerpo que no terminaban de encajar. Sensaciones que normalizaba, señales que minimizaba, cansancios que justificaba.

El cambio no llegó de golpe ni vino de un diagnóstico ni de un plan perfecto. Llegó a través de lecturas que me hicieron parar y cuestionar muchas ideas que daba por sentadas. No fueron libros de salud al uso, ni manuales de “cómo hacerlo mejor”, sino libros que me ayudaron a mirar mi cuerpo desde otro lugar.

Más que decirme qué hacer, me invitaron a entenderme. A escuchar con más atención, a dejar de exigirme respuestas inmediatas y a empezar a relacionarme con más cariño con mi cuerpo —y con la inflamación— desde la curiosidad y no desde el control.


📘 Vivir es un asunto urgente — Mario Alonso Puig

Este es uno de mis libros de cabecera, uno que me leo cada X tiempo porque me hace realmente bien. Me ayudó a bajar a tierra conceptos y sentimientos que no sabía dónde ubicar.


Antes de leer este libro pensaba que luchar contra el estrés era “ser fuerte”. Que si organizaba mejor mi tiempo o me exigía más, sería más eficiente y estaría mejor. No cuestionaba hasta qué punto esa tensión constante estaba activando mi cuerpo sin parar.

Lo que más me impactó fue cómo explica que "el estrés no solo está en lo que hacemos, sino en cómo lo interpretamos" y en cómo ese estado constante de alerta afecta al cuerpo —tensionando músculos, alterando el sueño y condicionando reacciones físicas que yo asumía como normales.

Empecé a "escuchar más las señales reales de mi cuerpo" en vez de empujarme automáticamente a hacer más. Entendí que cuidar mi cuerpo no siempre pasa por añadir hábitos, sino por "bajar el nivel de tensión y cambiar el diálogo interno" que mantenía con mis sensaciones diarias.



📘 La voz de tu alma — Lain García Calvo

Este libro llegó en un momento en el que ya había empezado a cuestionar muchas cosas, pero todavía me costaba escucharme de verdad. No lo leí buscando respuestas físicas ni soluciones concretas, sino intentando entender por qué, aun sabiendo mucho, seguía desconectándome de lo que sentía.

Pero si os soy sincera, no me lo leí cuando me lo compré. Al principio lo intentaba pero no pasaba de la página X, cada vez una distinta. Hasta que entendí que en ese momento, este libro no era para mi, así que fue directo a mi librería. Hasta que un día pasé por delante y "me llamó", y estoy convencida que fue en el momento en el que nuestras energías se encontraron.

Más que un libro para “mejorar”, fue un libro para parar y mirar hacia dentro

No es un típico libro de espiritualidad (no me malinterpretéis aquí, por favor), para mí es un libro de toma de conciencia personal brutal.


Que escucharme era algo secundario, casi un lujo. Que lo importante era seguir avanzando, tomar decisiones racionales y no dejarme llevar demasiado por lo que sentía.

La idea de que muchas de las decisiones que tomamos —también en relación con nuestra salud— nacen del miedo, la costumbre o la expectativa externa, y no de una escucha real de lo que necesitamos en cada momento. Aquí fui mucho más consciente de la importancia de salir del victimismo y acercarme a la responsabilidad.

Empecé a dar más valor a mis sensaciones internas. A preguntarme no solo qué es lo correcto, sino qué me sienta bien a mí. Entendí que ignorar de forma constante lo que siento también tiene un impacto físico, aunque no siempre se vea de inmediato.

Y como he dicho antes, me ayudó a entender que sólo yo soy RESPONSABLE de mi situación actual, por lo tanto yo tengo la clave para salir de donde estoy y dejar de CULPAR al sistema, al entorno, etc.


📘 Cerebro de pan — David Perlmutter

Este libro fue el que terminó de unir muchas piezas. Llegué a él después de haber cuestionado la exigencia constante y de haber empezado a escucharme más, pero todavía me faltaba entender qué estaba pasando a nivel físico. No lo leí como una moda nutricional ni como una dieta más, sino como una forma de comprender cómo lo que comemos impacta directamente en el cerebro, la inflamación y el bienestar general.

Fue el primer libro que me hizo ver la alimentación no como una norma, sino como un lenguaje que el cuerpo entiende muy bien.


Que mientras comiera “equilibrado” y siguiera las recomendaciones generales, mi cuerpo sabría adaptarse. No relacionaba de forma clara la alimentación con mi energía mental, mi estado de ánimo o ciertos síntomas que daba por normales.

La explicación clara de cómo el consumo habitual de ciertos alimentos —especialmente azúcares y carbohidratos refinados— puede generar inflamación y afectar directamente al cerebro, al sistema nervioso y a la claridad mental, incluso en personas aparentemente sanas.

Empecé a observar cómo respondía mi cuerpo a lo que comía, sin rigidez ni dogmas. Dejé de pensar en términos de “dieta” y empecé a pensar en metabolismo, inflamación y energía real. Entender cómo funciona el cuerpo me dio calma y criterio para tomar decisiones más conscientes y sostenibles. 

Decisiones que venían desde la comprensión y el entendimiento, lo que me han permitido mantenerme estable y totalmente adaptada en una alimentación baja en carbohidratos sin sentir que tengo restricciones. 



Estos libros no me dieron respuestas inmediatas ni soluciones cerradas. Me dieron algo mucho más valioso: preguntas. Preguntas sobre lo que estaba normalizando, sobre cómo me hablaba, sobre cómo vivía en mi cuerpo y desde dónde tomaba decisiones.

Con el tiempo entendí que cuidarme no iba solo de hacer más o de hacerlo “mejor”, sino de comprender cómo funciono, escucharme con más honestidad y dejar de ir en contra de señales que llevaban tiempo ahí.

No todos los cambios fueron rápidos ni lineales, pero todos empezaron en el mismo lugar: cuestionando lo que daba por hecho. Y a veces, ese primer paso es suficiente para empezar a relacionarte con tu cuerpo desde otro lugar.

Si te ha pasado algo similar y quieres cuestionar lo que das por normal en tu cuerpo y hábitos, este viaje apenas empieza. Pronto compartiré más formas de escucharnos y cuidarnos desde dentro.

Pero si crees que tu momento de empezar el cambio es ahora, no dudes en ponerte en contacto conmigo y vemos si yo soy la persona que te puede ayudar a impulsar tu cambio.



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Estefania 12 de febrero de 2026
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