"Cuando pase el verano, empiezo"
Es una de las frases que más escucho. Y es curiosa, porque nunca la dice alguien que ya está entrenando. La dice siempre alguien que lleva tiempo queriendo empezar.
"Ahora con las vacaciones es imposible." "En septiembre, con la vuelta a la rutina, sí que me organizo." "No quiero apuntarme a medias, prefiero empezar bien."
Todo suena razonable. Todo tiene lógica. Y aun así, si lo miras con un poco de distancia, te das cuenta de que septiembre no llega nunca del todo. Porque cuando llega septiembre, aparece otra fecha mejor. Y otra. Y otra.
El problema no es el verano. El problema es que el verano es la excusa de este mes.
Yo también pude esperar
Mi primer día de gimnasio fue un 1 de julio.
No un 1 de enero con propósitos de año nuevo, ni un lunes cualquiera de septiembre con la "vuelta a la rutina" de fondo. Pleno verano, con calor, con planes, con la piscina y las cenas y todo lo que el verano trae consigo.
Podría haber esperado. Tenía todas las excusas a mano: hacía calor, tenía vacaciones, no era "el momento". Y sin embargo, decidí que ese día era tan bueno como cualquier otro. Porque en realidad no existe un momento perfecto para empezar, existe el momento en el que decides dejar de esperarlo.
Yo no soy entrenadora personal, mi trabajo es la alimentación y los hábitos. Pero empezar a entrenar fuerza aquel verano fue un antes y un después en mi vida, no tanto por lo físico, sino por lo que cambió en mi cabeza: mejoró cómo me sentía en mi cuerpo y, sobre todo, mejoró la relación con la persona que veía al otro lado del espejo. Y ese cambio de mentalidad, el de dejar de esperar el momento ideal, es exactamente el mismo que necesitas para cambiar tu alimentación o cualquier hábito.
Con la comida me pasó algo parecido. Mi primera "dieta" también empezó en junio. Y un par de años después, cuando decidí dar el salto al cetogénico, tampoco esperé a que terminara el verano: fue un 7 de junio. En ambos casos, el calendario decía "mal momento" y yo decidí que no.
No lo cuento para que pienses que a mí me resultó fácil o que tuve más fuerza de voluntad que nadie. Lo cuento porque si algo he aprendido es esto: la fecha nunca es el obstáculo real. Es solo el envoltorio de algo más profundo.
Lo que de verdad se esconde detrás de "cuando pase el verano"
Cuando posponemos un cambio, casi nunca es por el calendario. Es porque, en el fondo, ese cambio todavía no se ha convertido en una prioridad real.
Y quiero decirlo sin juzgar, porque le ha pasado a todo el mundo, me incluyo: es mucho más cómodo poner el foco en "no es el momento" que enfrentarse a preguntas más incómodas, como:
- ¿Le estoy dando a mi salud el lugar que merece o el que me sobra?
- ¿Estoy priorizando lo urgente de siempre por encima de lo importante?
- ¿Qué pasaría si dejo de esperar a sentirme "preparada"?
El verano, el trabajo, las vacaciones, la vuelta al cole, la Navidad… siempre habrá algo. Siempre. El calendario no se va a quedar nunca en blanco esperando a que tú decidas moverte.
Por qué "esperar a estar preparada" no funciona
Muchas mujeres me dicen que prefieren "empezar bien", con tiempo, sin prisas, cuando todo esté más tranquilo. Y lo entiendo, porque suena responsable.
Pero la realidad es que ese momento de calma total casi nunca llega. Y mientras tanto, el cuerpo, la energía y la relación con una misma siguen esperando en la sala de espera.
No se trata de encontrar el momento perfecto. Se trata de decidir que tu salud deja de ser lo último de la lista, aunque el momento no sea perfecto.
Empezar en un momento "imperfecto" no significa hacerlo mal. Significa simplemente empezar donde estás, con lo que tienes, sin esperar a una versión ideal de la semana, del mes o de ti misma que quizá nunca llegue.
Qué cambia cuando dejas de esperar
No hace falta empezar con un plan perfecto ni con la motivación al cien por cien. Solo hace falta un primer día.
Cuando dejas de posponer y empiezas, aunque sea de forma imperfecta, suele pasar algo:
- Descubres que el "mal momento" tenía mucho menos peso del que creías
- Empiezas a construir constancia real, no solo intención
- La excusa deja de tener sitio, porque ya estás dentro
- Te das cuenta de que la energía llega después de moverte, no antes
No cambia el calendario. Cambia la relación que tienes con tus propias prioridades.
No busques el momento perfecto, busca el primer paso
Si llevas tiempo diciéndote "cuando pase esto, empiezo", quizá el problema no es el verano, ni septiembre, ni ninguna fecha del calendario.
Quizá el problema es que sigues esperando a sentirte preparada para algo que solo se aprende empezando.
No necesitas esperar a que acabe el verano. No necesitas el lunes perfecto. Necesitas decidir que tu salud, tu alimentación y tu relación contigo misma importan hoy, no en la versión de ti que llegará "cuando todo se calme".
Yo no te voy a acompañar en el gimnasio, pero sí en lo que suele ir antes: en cambiar tu relación con la comida y con tus hábitos, que es exactamente donde empieza todo cambio de verdad. Si sientes que este es tu momento, aunque no lo parezca, aunque no sea perfecto, este puede ser un buen punto de partida:
Porque muchas veces no hace falta más información ni más motivación. Hace falta decidir que hoy es un día tan bueno como cualquier otro.